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Hábitos

Siempre después de los excesos del verano, de las navidades o de las vacaciones, llegan las prisas por hacer todo bien. De repente todos queremos tener una rutina súper forjada con unos hábitos híper saludables. Entonces llamamos al gimnasio y nos volvemos a apuntar, nos compramos libros de cómo tener buenos hábitos, nos proponemos una rutina de cardio imposible de hacer, modificamos la lista de la compra por cosas más saludables… y un largo etcétera. Además, a todo esto, le sumamos la presión social en redes por volver a las rutinas y tips rápidos y fáciles de cómo lograrlo. Sin contar los vídeos veloces donde te muestran, a la hora exacta del día, los hábitos saludables de cada persona. Entonces te sientes todavía peor porque piensas que esa persona es súper organizada con sus rutinas, con sus hábitos… y tú no. Y entras en bucle y ya no sabes ni si serás capaz de realizar las 50 tareas nuevas que le metiste a tu nuevo día. Sin contar la presión del trabajo y el dormir tus 8 horitas, claro.

 

Déjame decirte que te entiendo, que hacer esos cambios de golpe es una tarea inhumana. Está bien que quieras cuidarte y está bien que seas consciente de que hay hábitos en ti que no están siendo coherentes con tu fisiología, pero no puedes permitir más exigencia en un cuerpo que ha sido “castigado” durante un tiempo.

 

Todo daño mantenido en el tiempo va a generar una serie de “residuos” en el cuerpo que van a tener que desintoxicarse más adelante. Es decir, no podemos pretender echar más basura en el cubo cuando esta está lleno porque nos saldrá la basura por fuera y nos manchará la casa. Primero tendremos que vaciarlo para luego limpiar la casa y poder ordenarla. Con el cuerpo pasa lo mismo, debemos primero eliminar esos excesos y limpiar bien las “tuberías” corporales para luego poder ordenarnos.

 

Entonces, poco a poco y con buena letra. Lo fundamental aquí está en priorizar el orden de hábitos que quieres proponerte e ir poco a poco, sin exigirte demasiado y dándote mucha calma. La clave está en hacer los cambios desde la voluntad y la no exigencia, con un sistema nervioso calmado donde no se nos disparen los indicadores del estrés.

 

Hábitos saludables y fáciles que puedo ir introduciendo en mi día a día:

 

1.     No cojas el móvil nada más levantarte. Si eres de las que duerme con el móvil en la mesilla de noche y pones tu alarma en él, empieza por dejarlo fuera de la habitación y ponlo a cargar en otro sitio. Cómprate un reloj analógico. Esto hará que evites la tentación de coger tu móvil nada más levantarte o, en caso de que tengas insomnio y no puedas dormir, que mates esas horas muertas pegada a la pantalla.Tu cuerpo y tu descanso te lo agradecerán.

 

2.     No estés con el móvil justo antes de irte para cama. Este va a interrumpir tu buen descanso y su luz azul va a hacerle creer a tu cerebro que es de día cuando es de noche.


3.     Ver la luz del amanecer y la del atardecer.


4.     Pasar más horas fuera de casa que dentro de ella.


5.     Ventila tu casa todo lo máximo que puedas.


6.     Practica el agradecimiento y el perdón.


7.     Rodéate de personas que te nutran.


8.     Habla de tus emociones, dales forma. No dejes que se queden estancadas en tu cabeza sin un orden.


9.     La hidratación y el cómo nos hidratemos es fundamental para nuestra salud. Si bebes en botellas de plástico o agua del grifo, que sepas que te estás tomando microplásticos y tóxicos a diario. Estos tienen que ser eliminados por tu cuerpo. Una opción interesante sería comprarte una jarra filtradora de agua con filtros de carbón activo.



 
 
 

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